Toda receta empieza por sus ingredientes, y por ello, nuestros chicos fueron en busca de los mejores productos al Mercado Central de Zaragoza. En una primera toma de contacto con sus padrinos chefs, cada pareja escogió los alimentos necesarios para elaborar las tapas.

Mercado Central: En busca de los mejores ingredientes

En este primer taller, los alumnos de Atades aprendieron muchas más cosas además de comprar. Aprendieron a conocer el estado de los ingredientes a través de su olor o tacto, aprendieron que los productos autóctonos siempre valen la pena y que hasta los ingredientes más especiales y extraños se pueden encontrar en los puestos de cualquier mercado.

Primero, cada “oveja” se dispuso con su pareja y, de dos en dos, se convirtieron en unos compradores más.

Saioa Beltrán compró muchas setas junto con David Boldova, de Novodabo; Carlos Usón consiguió junto con Manolito, de Quema, varias longanizas. Natalia García se paseó junto a José Ignacio Acirón, de La Bastilla, por la zona de los pescados. Raquel Martelés también se dirigió a las carnes pero primero olfateó las horalizas junto a Daniel Martín, de Tryp. Por otro lado, Huzifa Ashfaq fue casi el único en optar por el marisco con la ayuda de Orlando Tobajas, de El Cachirulo. Además Victoria Sebastián paseó con el chef Franchesko Vera, de Gamberro, por la zona de las verduras.

En este taller, todos ellos adquirieron carnes, verduras, especias u hortalizas. Ningún alumno sabía nada de cocina, sin embargo, al terminar la jornada, todos supieron perfectamente lo que iban a cocinar y cómo.

Calentando fogones en las cocinas

En las semanas posteriores los alumnos de Atades siguieron practicando en las cocinas de cada uno de ellos. La primera jornada fue de contacto. Los chefs colocaron el mandil a sus aprendices y les enseñaron los ingredientes y el funcionamiento de todas las herramientas de sus cocinas.

Al principio nerviosos, pero después más sueltos, comenzaron a saber cómo usar una batidora, aprendieron las técnicas más delicadas en cuanto acortes y también cómo freír evitando que salte el aceite. Cada alumno se aprendió al dedillo su receta.

Saioa Beltrán pudo cocinar la última trufa de la temporada y aprendió a hacer azúcar glas. María Jesús Carrero descubrió que la remolacha podía unirse junto a cualquier otro ingrediente. En las cocinas, Carlos Uruén se convirtió en un experto en utilizar los cuchillos para trocear los ingredientes. Natalia García, además de descubrir que le gustaban las sardinas, conoció que había flores que podían comerse. Raquel Martelés, aunque no degustó demasiado su receta, aprendió a transformar cecina de cerdo en pasta. Huzifa Ashfaq disfrutó desenvolviéndose en la cocina y supo que el alioli podía tener distintos sabores del original. Victoria también tuvo mucha suerte y disfrutó como nunca creando palomitas de la nada.

Tras estas experiencias en las cocinas, fueron los aprendices quienes se convirtieron en chefs y los chefs en pinches, ya podían cocinar casi sin ayuda cada una de sus recetas.

Los padrinos cocineros, todos ellos aragoneses, adoptaron en estos talleres el papel de profesores y supieron sacar el máximo partido de sus nuevos alumnos.